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Razones por las que no debemos huir del sufrimiento, sino aceptarlo



“Todo puede serle arrebatado a un hombre, menos la última de las libertades humanas: el elegir su actitud en una serie dada de circunstancias, de elegir su propio camino. ¿No podemos cambiar la situación? Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.” – Víctor Frankl


El dolor se apodera de ti cuando menos lo esperas. Te recuerda a la persona que has perdido cuando sales a tomar un café con tus amigos y cuando ves a la gente abrazar a sus seres queridos en el aeropuerto. Incluso cuando piensas que ha pasado suficiente tiempo para que lo superes, el dolor tira de las fibras de tu corazón. Piensas en todas las formas en que la vida ha cambiado y tu corazón anhela tener una última conversación con la persona que has perdido, un último abrazo y recuerdo compartido. Y es que cuando amas a alguien, el dolor nunca desaparece. Crece a medida que lo hacemos y cambia con el tiempo, volviéndose un poco más fácil vivir con él cada año.


El dolor no es algo de lo que podamos escapar. Pero en los momentos más oscuros, podemos convencernos a nosotros mismos de seguir adelante, seguir avanzando. Pero para poder lograr eso es importante conectarnos con ese sufrimiento. Tratar de ignorarlo o simplemente dejarlo de lado no es sostenible en el largo plazo, pues nuestro corazón necesita soltar.

Llora cuando lo necesites. Mira a tu corazón y, con las manos abiertas, acepta ese dolor, acepta que siempre extrañarás a ese ser querido o que esa mala experiencia siempre estará presente. Dentro de los intensos momentos de dolor y pérdida, busca consuelo en los recuerdos felices, las conversaciones y la vida hermosa que has vivido. Pero no huyas del sufrimiento.

Más bien, encuéntrale un sentido. Cómo dice Frankl, psiquiatra vienés que sobrevivió a los campos de concentración en la segunda guerra mundial y perdió a toda su familia:

“Siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.”

El dolor se volverá en una extraña fuente de consuelo. Te recordará a las personas que has perdido y te mostrará como el tejido de sus vidas se ha entrelazado con el tuyo para permitirte ser la persona que eres hoy. Te recordará aquel trauma, pero adornado de tu luz y paz.

Todas esas preguntas que te atormentan se volverán gradualmente en respuestas que se convertirán en planes de acción hacia una vida más plena. Al correr hacia el dolor y abrazarlo, descubrirás una vida que de otro modo nunca hubieras conocido.

 

Instintivamente queremos evitar nuestro dolor porque el dolor puede parecer insoportable, pero nuestro dolor es una señal de que hemos amado y hemos sido amados, y un recordatorio de que debemos usar el tiempo limitado que tenemos para convertirnos en todo lo que podemos ser.

Nunca olvides de que eres luz.

¡Y siempre puedes iluminar la oscuridad!

Pao.


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